Las Maravillas del Mecanismo Natural de Curación
La belleza y perfección de la naturaleza nunca terminan de sorprendernos, sobre todo cuando observamos un hermoso atardecer, un lapacho florido, un sol resplandeciente o simplemente una noche estrellada. A veces las cosas están ahí pero no las vemos, no nos damos cuenta, y cuando de repente las descubrimos experimentamos una especie de éxtasis ya que tienen la virtud de estremecer las fibras más íntimas de nuestro ser, son un regalo para el alma.
Existen otros fenómenos naturales que no son tan evidentes pues no estimulan directamente nuestros sentidos, sino que requieren una atención especial, una observación inteligente para poder percibirlos, pero están ahí y experimentamos quizás la misma sensación de regocijo cuando las captamos y tratamos de comprender su funcionamiento. Un ejemplo de ello es el instinto de conservación, una de las maravillas de la creación que forma parte de la esencia de los seres vivos y que nos fuera proporcionado para la protección y conservación del individuo y la especie. Es sorprendente ver en las documentales de la televisión cómo algunos animales se preparan para cazar, cómo se mimetizan para evitar ser descubiertos, las tácticas utilizadas para escabullirse de los ataques y las estrategias que emplean para sobrevivir en un ambiente hostil.
El hombre tampoco escapa a esta conducta instintiva cuando ve peligrar su integridad o supervivencia. Es así que ciertos impulsos inconscientes, como por ejemplo el miedo, constituyen una clara manifestación de este instinto de conservación. Cuando nos acercan las manos a los ojos, tendemos a cerrarlos. O cuando caemos, tendemos a llevar las manos para amortiguar la caída. El llanto del bebé es un ejemplo del instinto de conservación, pidiendo el alimento necesario para mantenerse con vida y solicitando el auxilio a sus padres o a quien los oiga cuando alguna dolencia amenaza su salud.
El deseo sexual, llamado celo en los animales, tal vez sea la manifestación más clara y fuerte del instinto de conservación, ya que busca perpetuar la especie a través de la procreación, cuyo instinto innato se impone con tal fuerza irresistible en todos los seres vivos que posiblemente sea el impulso en cuyo nombre se han cometido la mayor cantidad de vejámenes, crímenes y todo tipo de actos de violencia.
Ahora bien, existe una fuerza vital que es la que gobierna con poder ilimitado y procede a activar o poner en funcionamiento los instintos y las defensas del organismo cuando es necesario. Es el impulso vital que genera y mantiene la vida, la fuente inagotable de la que fluyen perennemente todas las cosas. Conserva todas las partes del cuerpo en admirable y armoniosa operación vital, tanto respecto a las sensaciones como a las funciones, y se manifiesta como una capacidad natural de reacción ante las enfermedades y enemigos de la salud, así como todo tipo de agresiones del medio ambiente. Es lo que nos mantiene activos y vitales desde el momento que garantiza la vida, integridad biológica y normalidad funcional de los seres vivos.
Podríamos decir que la fuerza vital es la vida misma, no podemos concebir la una sin la otra. Cuando vemos que los animales no domésticos se curan solos de las enfermedades, pues no requieren la intervención del hombre ni drogas o medicamentos para mantenerse sanos y fuertes, estamos viendo la fuerza vital en acción, simplemente dejando actuar al mecanismo de la curación que la propia naturaleza realiza por regeneración mediante el cambio orgánico.
Esta fuerza vital, tan poderosa y débil a la vez, se mantiene vigente hasta el último soplo y es susceptible de ser sofocada por la acción del hombre. Basta con transgredir las leyes de la naturaleza que regulan el funcionamiento de todas las cosas para debilitarla en mayor o menor grado, hasta el punto de apagarla totalmente y exterminar la vida.
Y es lo que precisamente viene haciendo el hombre desde que es consciente de su propia libertad y libre albedrío para tomar sus propias decisiones. Mientras que el ser irracional se guía por sus propios instintos, el hombre en cambio los desoye y hace uso de su razón o inteligencia para ejercer su voluntad por encima de los dictados de la naturaleza, a veces contradiciéndolos abiertamente. Es así que va sofocando gradualmente su fuerza vital, su capacidad de reacción ante las agresiones sin darse cuenta que las enfermedades se van apoderando de su cuerpo y van minando su salud integral hasta acortar de manera ostensible su existencia.
Si la ciencia nos indica un antipirético cuando tenemos fiebre, un analgésico cuando experimentamos algún dolor, un anti-tusivo si tenemos tos, o un anti-diarreico cuando tenemos diarrea, entonces estamos sofocando la capacidad natural de reacción del organismo pues tanto la fiebre, como el dolor, la tos, o la diarrea son mecanismos de defensa natural que el cuerpo pone en funcionamiento para combatir y defenderse de las agresiones y enfermedades. Al sofocarlas, estamos anulando la capacidad natural de curación de nuestro cuerpo. Si somos capaces de dejarnos estremecer por la belleza y perfección que encontramos en todas las manifestaciones y fenómenos de la naturaleza, por qué no dejar actuar al mecanismo natural de curación antes que sofocarlo con tratamientos que solo consiguen coartar esta capacidad de reacción. Bastaría con confiar y hallaríamos también en este sencillo proceso la misma belleza y perfección que encontramos en las demás manifestaciones y fenómenos de la naturaleza.
Los Secretos De La Salud
Decía un gran maestro de la Medicina Natural que el arte de conservar y restablecer la salud no es cuestión de medicamentos o vacunas, ni hierbas, homeopatía, cirugía, masajes, aplicaciones eléctricas, ni rayos X o radium, sino simplemente de temperaturas.
La lógica que sustenta esta filosofía es bastante simple: el Hombre es un ser vivo igual que cualquier otra criatura viviente de la Naturaleza, mamífero o no, llámese perro, vaca, elefante, conejo, incluso micro-organismos que nacen, crecen, se reproducen y mueren. Por lo tanto, rigen para él las mismas leyes naturales que afectan a los demás seres del reino animal: respiramos el mismo aire, nos alumbra el mismo sol, compartimos los mismos recursos naturales, el fuego nos quema igual, soportamos las mismas estaciones y rigores del clima, etc., etc.
Me pregunto: por qué aquellos animales que no sufren la intervención del Hombre en sus vidas sino que se guían por su propio instinto, nunca se enferman y mueren de muerte natural al final de su ciclo de vida? Que yo sepa, ellos no tienen problemas de colesterol o triglicéridos, nunca supe de alguno que tuviera diabetes o presión alta, ni siquiera necesidad de ir al dentista por una carie, o utilizar anteojos para ver mejor. Jamás supe que hicieran quimioterapia, o que tomen una pastilla para la gripe o la fiebre, la tos, o que deban seguir un tratamiento para bajar de peso. Viven hasta el final de sus días sin que un cáncer interrumpa su existencia.
Si los Hombres somos superiores, por qué la Naturaleza nos discrimina haciéndonos más débiles y menos resistentes a las enfermedades, cuando que tendría que haber sido al revés ya que las demás especies del reino animal son supuestamente inferiores? Será que estamos ante un error de la Creación, una falla de fábrica? O es que, finalmente, la Naturaleza no es perfecta?
Bueno, son los asombrosos misterios que se mantienen inaccesibles al conocimiento del hombre. Aquellos que logren entender aunque sea en parte los secretos de la naturaleza y los apliquen a su vida cotidiana verán fortalecer su salud integral y extender su ciclo de vida como la de cualquier otra criatura viviente. Según Lezaeta Acharán, la ley natural ha fijado la duración de la vida de los mamíferos en un periodo que representa 6 o 7 veces el de su desarrollo. Así, un caballo que demora cinco años en desarrollarse, normalmente debe vivir 30 a 35 años, y el hombre, que demora 25 años en completar su desarrollo, debiera alcanzar una vida de 150 años o más. Sin embargo, los casos de longevidad son cada vez más raros y el promedio de vida actual apenas alcanza a la mitad.
Es probable que este deterioro de la resistencia para afrontar los rigores del medio ambiente tenga su explicación en el desequilibrio térmico del cuerpo humano ocasionado por sus hábitos alimenticios y otras costumbres que influyen sobre su temperatura corporal produciendo un desarreglo funcional del organismo. Un cuerpo saludable, con un buen aparato circulatorio, tiene una temperatura uniforme de 37º C, lo que asegura una buena digestión y excelente irrigación sanguínea, que fluye libremente a los capilares transportando las toxinas que deben ser eliminadas a través de los poros e interactuando con la atmósfera para el intercambio electro magnético recibiendo los efluvios, energías solares y otros agentes que toma de la naturaleza para satisfacer sus necesidades fisiológicas.
Sin embargo, este proceso se interrumpe cuando el hombre desequilibra su temperatura corporal afiebrando sus entrañas con el esfuerzo excesivo del aparato digestivo para procesar alimentos inadecuados y afeminando su piel abrigándolo excesivamente para protegerse del frío. El calor artificial proporcionado por el abrigo ahorra al cuerpo la necesidad de producir calor propio acentuando la irrigación sanguínea. Los “cachetes rosados” o rubor que observamos en el rostro de las personas con buena circulación cuando hace mucho frío son una muestra de la reacción natural a la que nos estamos refiriendo.
Pero cuando esta capacidad natural de reacción es sofocada, se produce una alteración circulatoria que es fuente y origen de diversas enfermedades por cuanto se ha roto el equilibrio natural, se transgredió una ley de la naturaleza al hacer que la sangre fluya hacia las entrañas antes que hacia la epidermis, llevando así el calor hacia el interior del cuerpo, congestionando la zona y transportando las substancias malsanas que debían ser eliminadas a través de los poros.
Esta alteración en el comportamiento natural del organismo favorece las putrefacciones intestinales y otras alteraciones como congestiones en los tejidos pulmonares, bronquiales, renales y hepáticos, siendo tal vez el daño más importante el ocasionado a nivel pulmonar debido a que, por exceso de congestionamiento y temperatura, los pulmones se ven limitados en su capacidad para oxigenar la sangre.
Este fenómeno constituye quizás una de las causas principales de las enfermedades del hombre. Aquel que logre comprenderlo y pueda aplicar las indicaciones y consejos que iremos proporcionando para recuperar y mantener la normalidad funcional mediante el equilibrio térmico de su cuerpo, estará dando un paso enorme para obtener la salud integral y por ende una vida mejor, más larga y saludable.
Alimentos Crudos Para Una Salud Integral
La Medicina Natural considera altamente recomendable ingerir alimentos crudos debido a que constituyen una fuente muy rica en nutrientes y además proporcionan energía “libre-de-costo” con óptima absorción de vitaminas y minerales naturales.
El ritmo de vida actual nos exige saciar nuestro apetito al paso, cada vez más de manera rápida y vertiginosa, por lo que nuestras calles se abarrotan de cafeterías, copetines y otros establecimientos de comida rápida. Esto soluciona el problema de la conveniencia y proporciona una solución energética de corto plazo a través de la simulación, es decir acallando la sensación de hambre con alimentos de escaso o ningún valor nutritivo, en detrimento de la salud integral. Simulamos alimentar nuestro cuerpo pero en realidad no lo estamos nutriendo, y no visualizamos el precio que se deberá soportar inevitablemente al adoptar esta costumbre como un estilo de vida normal, ya que el consumo de alimentos procesados y poco nutritivos solo puede ocurrir durante un cierto tiempo hasta que el cuerpo se agote o se enferme.
Como regla general, la Medicina Natural nos enseña que cuanto menor grado de procesamiento posea un alimento mejor será su retorno. Aquí es donde las frutas y alimentos vegetales crudos brillan en toda su plenitud. Las enzimas juegan un papel fundamental pues se trata de moléculas químicas que provocan la reacción entre distintos elementos, y sin los cuales ciertos procesos no se llevarían nunca a cabo. Las enzimas se encargan de deshacer la comida en el estómago, crear tejidos nuevos a partir de las proteínas, reparar los que están dañados, e incluso de generar más enzimas.
Estas enzimas se encuentran tanto en los alimentos que consumimos como en nuestro propio cuerpo. Las tres principales que intervienen en el proceso digestivo son la proteasa, la amilasa y la lipasa. La cocción y otros procesos realizados a los alimentos tienen como resultado la destrucción de estos componentes enzimáticos tan necesarios para una digestión eficiente. Para que el cuerpo pueda hacer uso del alimento procesado debe producir las enzimas necesarias, lo que significa más trabajo y por lo tanto más tensión y temperatura. Las enzimas del alimento que se destruyen durante el proceso tienen que ser generadas por el cuerpo para compensar este déficit.
Energía Gratis o Libre-de-Costo
Para una salud y vitalidad de largo plazo es importante comprender la diferencia entre la energía obtenida del estímulo contra la energía libre-de-costo. Como regla general, cuanto mayor sea el grado de procesamiento de un alimento, mayor será el efecto estimulante que tendrá sobre el sistema nervioso central debido al esfuerzo extra que debe realizar el organismo durante el proceso digestivo. En cambio, cuanto más natural y entero sea un alimento (crudo y si es posible recién brotado) la energía y vitalidad proporcionadas se consideran libre-de-costo por cuanto el organismo las recibe sin haber realizado prácticamente esfuerzo alguno para su digestión.
En otras palabras, la energía libre-de-costo es la energía sostenible que no necesita ser reforzada regularmente con carbohidratos procesados, azúcar refinada o cafeína para poder durar. Irónicamente, muchos alimentos supuestamente energéticos son los principales causantes del drenaje de energía. Los estantes de los supermercados están abarrotados de alimentos muy atractivos para el consumidor pero cuyo valor nutritivo no supera al de un caramelo. Como ocurre generalmente con las compras con tarjetas de crédito, que tarde o temprano se terminará pagando con interés en el futuro, así también el cuerpo terminará pagando la fugaz excitación que producen estos alimentos debido al estímulo de adrenalina que las glándulas suprarrenales proporcionan. Por el contrario, enzimáticamente vivos, los alimentos enteros crudos son los más recomendados para una salud integral por cuanto proporcionan energía y vitalidad sostenibles libre-de-costo a través del tiempo.
Consumir brotes para una máxima ganancia neta de energía.
La alimentación a base de brotes ofrece una ganancia neta sin paralelos sobre el resto de los alimentos. Enzimáticamente vivos y provistos de todos los nutrientes, los brotes representan uno de los alimentos más nutritivos y completos de todos los alimentos que fueron testeados. Ricos en vitaminas, minerales, proteínas y enzimas, su valor alimenticio fue descubierto por los Chinos hace miles de años. Numerosos estudios científicos confirman las ventajas de los brotes en una dieta sana.
Debido a que los brotes son esencialmente alimentos pre-digeridos, tienen una eficiencia biológica más alta que las semillas enteras. Se requiere mucho menos cantidad para que los nutrientes lleguen en forma suficiente a la sangre y las células. La alimentación basada en brote aumenta sustancialmente la cantidad de vitaminas, minerales y proteínas, mientras que disminuye el contenido de calorías y carbohidratos. Este aumento en disponibilidad de proteínas es determinante pues indica el valor alimenticio que se obtiene cuando una alimentación es rica en brotes. La proteína contenida en los brotes es la más fácilmente digerible entre todas las proteínas disponibles en los alimentos. Ponga en contraste esto con la comida cocinada, procesada, las proteínas aisladas que el cuerpo debe analizar antes de que pueda ser reconocido y utilizado, dando por resultado una pérdida significativa en eficacia.
La ganancia neta de un alimento es el término dado a la energía que nos queda una vez realizada la digestión y asimilación. En general, los alimentos cocinados, refinados y procesados tienen un rendimiento neto muy bajo. Sin procesar, las fuentes enteras de alimentación ofrecen un rendimiento superior. Si es crudo, incluso mejor. Considerando un paso adelante, los alimentos enteros (nada se le quita, nada se le agrega), crudos, y basados en brotes proporcionan indiscutiblemente la máxima ganancia neta de energía posible a través de la nutrición.
Los Hábitos Alimenticios Del Hombre
El hombre es una criatura viviente que se rige por las leyes naturales igual que los demás seres vivos que habitan este mundo. Estas leyes inmutables son las mismas que regulan el movimiento de los astros, las estaciones del año, la perpetuidad de las especies, y todo lo que tenga que ver con la maravilla de la creación.
Sin embargo, mientras los animales se guían por su propio instinto para vivir sano y morir de muerte natural al cabo de su ciclo de vida, el hombre civilizado ha venido trasgrediendo los mandatos de la Ley Natural dirigiendo su vida por un tortuoso camino de dolencias y enfermedades que termina por lo general con una muerte prematura y dolorosa.
Este dispar destino tiene su explicación en los hábitos alimenticios de cada especie, pues mientras los animales eligen el alimento que más les conviene guiados por su propio instinto, el hombre basa su elección en lo que le resulta más agradable al paladar sin tener en cuenta los dictados del instinto. Es así que a pesar de ser frugívoro por naturaleza, pues ha sido creado para ingerir principalmente frutas y verduras crudas que la naturaleza pone a su disposición generosamente, ha preferido desarrollar una cocina exquisita que cambió su integridad biológica y terminó por enfermarlo y acortar su existencia.
Las ventajas del régimen frugívoro son incuestionables según la medicina natural. Los que se alimentan exclusivamente de frutas y verduras son más sanos pues se rejuvenecen y vigorizan, se vuelven inmunes contra las enfermedades y su raciocinio es mucho más claro y despejado pues la sangre, libre de tóxicos, fluye con toda su pureza por todo el organismo irrigando con mejor savia las células nerviosas que actúan como sensibilizadores de las facultades del alma.
Existe tal perfección en la Naturaleza que nada queda librado al azar. El orden natural establece que el reino mineral sustenta al vegetal y éste al animal. De ahí que no resulta conveniente consumir productos de origen animal como carne, leche, huevos, ni tampoco introducir al organismo sustancias minerales, como las drogas medicinales y productos farmacéuticos en general. Los frutos y vegetales proporcionan suficiente cantidad de alimentos preparados en los misteriosos laboratorios del reino vegetal, que chupan de la tierra el agua y sus minerales, y absorben de la atmósfera el anhídrido carbónico acumulando además energías solares, magnéticas, eléctricas, para ser luego enriquecidos “por la acción del sol divino en sus frutos dorados y plateados, graciosos, armoniosos, que vienen tras esos tejidos de seda llamados flores, que nos encantan con sus vivos matices y con su embelesado perfume”.
Definitivamente, la carne de los animales no ha sido destinada para alimento del hombre, en cuyo caso su aparato digestivo hubiese estado mejor preparado para ello; no tendría siete metros de intestino sino apenas un metro como lo poseen los animales carnívoros, para que pueda ser eliminada rápidamente. Es sabido que la carne fermenta y se descompone rápidamente por acción de la temperatura, generando gran cantidad de toxinas como la creatina, creatinina, cadaverina, etc., además de fiebre estomacal, gases y otras consecuencias que, además del daño general al organismo, llegan casi a incapacitar al Sistema Nervioso Central para actuar con eficiencia en las actividades intelectuales.
Es tanto el esfuerzo realizado durante el proceso digestivo de la carne, que se genera gran cantidad de temperatura estomacal, lo que implica una afluencia sanguínea exagerada hacia esta zona afectando la irrigación sanguínea a nivel cerebral, y hacia la epidermis afectando el transporte y eliminación de toxinas mediante el intercambio de metabolitos con la atmósfera a través de los poros de la piel.
Si el hombre hubiese querido hacer buen uso de la inteligencia y capacidad de raciocinio que le fuera dotada por el Creador, se hubiese preguntado por ejemplo: ¿qué tienen los alimentos de origen animal que no haya sido sacado del reino vegetal? Y le hubiera bastado con fijarse en la vaca, que proporciona carne, leche, queso, manteca, etc. y sin embargo se alimenta y mantiene su cuerpo simplemente con el canutillo del pasto.
Un programa de dieta y nutrición es un buen lugar para comenzar a incorporar hábitos sanos de alimentación para una salud integral, mientras de paso se aprovecha para quemar grasas y perder peso hasta lograr el peso ideal. A partir de ahí, se puede continuar solo, sin ayuda, manteniendo un régimen de alimentación basado en frutas y verduras como manda la ley natural.
Los 6 Pilares De La Longevidad
Son las áreas en las cuales usted puede ejercer control sobre su destino observando algunos preceptos de la medicina natural además de otros factores que ayudan de manera importante a aumentar las probabilidades de una larga vida y salud integral. Básicamente, los seis pilares de la longevidad son los siguientes:
- 1. Régimen Alimenticio: consumir sólo alimentos adecuados
- 2. Desintoxicación: un merecido descanso para el organismo
- 3. Ejercicio: una actividad para todas las edades
- 4. El sueño: escuche su ritmo interno
- 5. El manejo del stress: no es un lujo
- 6. Inteligencia Emocional: una herramienta de lucha contra el envejecimiento
Régimen Alimenticio
Existen evidencias que nos permiten afirmar que el consumo de alimentos cocidos y procesados en general durante mucho tiempo termina por resentir, a partir de cierta etapa de la vida, las glándulas productoras de enzimas del cuerpo, afectando
de manera gradual la calidad del metabolismo y en consecuencia el proceso digestivo y asimilación de alimentos. Ésta es una de las posibles causas del envejecimiento rápido y de muchas enfermedades que se comienzan a manifestar a partir de cierta edad; el alimento ya no está siendo aprovechado por el cuerpo de la misma manera que lo hacía alguna vez cuando era joven simplemente porque el proceso digestivo ya no está siendo realizado con la misma eficiencia debido al desgaste de los órganos encargados de esta función.
Los resultados de un meta-análisis de nueve estudios diferentes publicados en el Jornal de la Nutrición encontraron que aquellas personas que habían consumido mayor cantidad de frutas y verduras experimentaron menor cantidad de enfermedades asociadas al envejecimiento. La revisión encontró una disminución del cuatro por ciento del riesgo de ataques al corazón, ya sean fatales o no, muerte coronaria y enfermedades cardíacas coronarias, por cada porción adicional de frutas y vegetales consumidos por día. Lo que nos permite deducir que el consumo de frutas y verduras constituye una poderosa fuente de salud integral y estrategia anti-envejecimiento!
Por alguna razón las fibras, los agentes antiinflamatorios, antioxidantes, vitaminas, minerales, o la combinación de todos ellos, se correlaciona insistentemente con un índice menor de las enfermedades propias del envejecimiento. De hecho, según estimaciones del Informe de la Salud Mundial, hasta 2.7 millones de vidas podrían potencialmente ser ahorradas cada año si el consumo de frutas y verduras fuera aumentada suficientemente. Se estima que el bajo consumo de frutas y verduras es causante del 31% de la cardiopatía isquémica y 11% de los accidentes cerebro-vasculares en todo el mundo. Y si usted quiere hablar de estrategias anti-envejecimiento, considere esto: el reciente Programa conjunto de consultores expertos de la Organización de Alimentos Agrícolas y la Organización Mundial de la Salud sobre dieta, nutrición y la prevención de enfermedades crónicas, recomendó que un consumo mínimo de 400 gramos diarios de frutas y verduras (sin contar las patatas) ayudaría considerablemente a prevenir enfermedades crónicas del envejecimiento, tales como cardiopatías, cáncer, diabetes y obesidad. Si hubiera una píldora que tenga ese efecto sobre el envejecimiento, posiblemente nos estaríamos alineando para comprarlo a cualquier precio. Sin embargo, existen programas en el mercado que le ayudarán en su estrategia para lograr la salud integral y longevidad.
Desintoxicación
La práctica antigua del ayuno ha estado ahí desde siempre, ya sea como parte de los ritos de purificación religiosa o como parte de un programa de curación de la medicina natural. La capacidad de dar a nuestro sistema un merecido descanso del diario asalto a nuestras células por parte de los alimentos tóxicos y agentes patógenos del medio ambiente es un activo profundamente valioso en nuestra búsqueda de una vida larga y saludable. Los animales, guiados por su instinto, lo practican periódicamente demostrando una sabiduría que emana de la naturaleza y supera a la inteligencia del hombre.
La razón por la que la desintoxicación es uno de los pilares de la longevidad se debe a que favorece la eliminación de materias morbosas y además ayuda a combatir cada uno de los cuatro jinetes del envejecimiento: oxidación, inflamación, glicación y stress. Un montón de cosas se han escrito en los últimos años acerca de la desintoxicación y limpieza de nuestro cuerpo, algunos de ellos pura tontería. Algunos críticos afirman que la “desintoxicación” no se trata más que de un concepto meramente comercial que tiene por objetivo la venta de laxantes (a veces es cierto), mientras que otros afirman que el cuerpo está en constante desintoxicación de todos modos (Verdadero) y no necesita ningún tipo de ayuda (Falso). Por último, algunos sostienen que no hay manera de medir de manera eficaz las toxinas que supuestamente son eliminadas a través de un programa de desintoxicación, y que si lo hubiera, no es posible probar que en realidad fueron eliminadas. Todos coinciden en que nuestro cuerpo (y mente) son asaltados diariamente con las toxinas desde el aire que respiramos, el agua que bebemos, los productos químicos en nuestro suelo, los medicamentos, las hormonas, antibióticos y esteroides en nuestra carne, y los cientos de otras exposiciones de menor importancia que acumulamos en el curso de nuestra vida cotidiana. También estamos de acuerdo en que 1) no es una buena situación, y 2) no facilita las cosas el consumo de alimentos inadecuados (frituras, grasas, carnes procesadas). Es bueno dar al cuerpo (y la mente) cada tanto un descanso ocasional de la constante agresión para deshacerse del exceso de basura acumulado.
Ejercicios
No existe una sociedad duradera sobre la tierra en la cual los miembros no sean activos. Tal vez no vayan a gimnasios, sino que guían cabras, suben montañas, mantienen jardines, ordeñan vacas, hacen caminatas, y todas las cosas activas que la gente que practica una vida sana ha hecho durante millones de años. El ejercicio puede ayudarle a controlar el nivel de azúcar en la sangre, el peso y la presión arterial. Puede elevar su nivel de colesterol “bueno” y reducir el riesgo de una enfermedad cardíaca. Incluso puede disminuir el riesgo para la enfermedad de Alzheimer. Una rutina de solo 30 minutos de ejercicio aeróbico diario puede mejorar su humor, la sensación de bienestar y vigor, incluso en gente con desorden depresivo importante. Puede incluso bajar la presión, y recientes investigaciones demuestran que el ejercicio ayuda al crecimiento de nuevo tejido cerebral. Baste decir que el ejercicio es una de las “curaciones naturales” más eficaces en la tierra, y es particularmente eficaz contra la gran mayoría de las enfermedades del envejecimiento.
El sueño
El sueño es una parte importante del estilo de vida para la longevidad. No es ningún secreto que la mayoría de nosotros no dormimos lo suficiente. El sueño afecta la manera cómo trabajamos, cómo nos relacionamos con otra gente, cómo tomamos decisiones, y cómo nos sentimos en general. No dormir lo suficiente puede presionar nuestro sistema inmune, nuestro equilibrio emocional, levantar nuestras hormonas de tensión, y contribuir al aumento de peso.
Los genetistas y antropólogos nos dicen que nuestro genoma humano específico ha cambiado solamente el 0.01 por ciento en los últimos diez mil años. Por lo tanto, siempre que sea posible, piense que tiene sentido mirar para lo que fue programado el género humano en lo que se refiere a las cosas básicas tales como alimento, actividad y sueño. Antes de la era de la electricidad escuchábamos nuestros ritmos biológicos los cuales estaban en sincronía con los ritmos de la tierra. El hombre dormía cuando era oscuro y se despertaba al amanecer. Pasaba un montón de tiempo al sol, desplazándose por todas partes. Y al llegar la noche se sentaba alrededor de la hoguera y luego iba a la cama a dormir como bebés. Al amanecer comenzaba nuevamente el día. Éste era el orden natural de las cosas, el patrón de sueño original especificado para los seres humanos sanos. Este orden ha sido interrumpido violentamente–y hemos pagado caro por ello– en salud y longevidad.
El sueño es esencial para la memoria, el humor, y el funcionamiento cognoscitivo, todos ellos marcadores para la forma de vida de la juventud. Estos disminuyen a medida que usted se va poniendo más viejo a menos que usted tome buen cuidado de su sueño. El sueño inadecuado se liga a la cólera, a la ansiedad, y a la tristeza crecientes, todos ellos reducidores de la calidad (y potencialmente longitud) de su vida. Un estudio realizado en la Universidad de Pensilvania demostró que, al permitirse a un grupo de personas dormir solamente entre 4 – 5 horas por noche, exhibieron considerablemente mayor tensión, cólera y agotamiento mental.
Moraleja: el sueño es muy importante. Más de lo que usted cree, debido a sus propiedades metabólicas y anti-envejecimiento. El viejo refrán “puedo dormir cuando esté muerto” era utilizado como una insignia de honor entre los hombres del tipo “amos del universo”, pero la ironía es que los que viven de esa manera, haciendo caso omiso de la importancia del sueño, pueden encontrarse muy pronto entre los muertos, tal vez más pronto de lo que se imaginan!
Stress
El stress mata. Tal vez no lo haga rápida y dramáticamente sino que más bien lentamente, insidiosa y deliberadamente. La tensión o stress exacerba virtualmente cada enfermedad del envejecimiento, y también otros, como por ejemplo las herpes, asma, alergias, acné, entre otras. El stress retrasa la recuperación de una enfermedad seria y encoge las áreas del cerebro que están íntimamente ligadas a la memoria y el pensamiento. Aumenta el riesgo de una enfermedad cardíaca y disminuye la efectividad del sistema inmune. Merece profundamente su clasificación como uno de los cuatro jinetes del envejecimiento. Sin una manera eficiente de administrar el stress, simplemente no existiría el concepto de longevidad o larga vida.
El manejo del stress no es un lujo; es una parte importante de su programa de longevidad (posiblemente la más importante de todas). La reducción del stress no tiene que ser hecha necesariamente en costosos spas o tratamientos de yoga, puede ser tan simple como caminar en el bosque, cenar con los amigos, tomar baños calientes a luz de una vela, escuchar música relajante, o leer en la chimenea. Hasta puede ser una actividad más estructurada como hacer ejercicios de meditación o respiración profunda.
Si existe la posibilidad de que usted pueda nombrar fácilmente una docena de cosas agradables que le ayudarían a encontrar una rápida relajación, hágalos!. Esta docena de cosas bajarían automáticamente su ritmo cardíaco, presión arterial, y hormonas de stress de manera natural. La gente longeva del mundo tal vez no vaya a los spas o a los tratamientos de yoga, pero han construido sus vidas de una manera tal que manejan el stress naturalmente. En la medida en que usted haga lo mismo estará dando un paso enorme hacia el aumento de la posibilidad de obtener una vida mejor, más larga y saludable.
Inteligencia Emocional
Siempre que los investigadores estudiaron a la gente longeva, han mirado sus dietas, sus niveles de actividad, sus genes, toda esa clase de cosas que pertenecen al individuo. Sabemos por ejemplo, que los rusos longevos que viven en las montañas búlgaras comen grandes cantidades de yogurt (no pescados). En cambio, la gente en Okinawa come toneladas de pescado (pero ningún yogurt). En última instancia, hay muy pocos elementos relacionados con la dieta, la alimentación, la desintoxicación o incluso el sueño, que sean absolutamente universales entre toda la gente longeva. Excepto uno. Existe una categoría de actividad humana que es absolutamente universal entre todas las culturas que tienen gente longeva y que son saludables a sus noventa y pico. Es lo más cercano que tenemos a una “verdad universal” sobre el anti-envejecimiento. Y no tiene mucho que ver con lo que comemos, cómo dormimos, o cómo ejercitamos, excepto indirectamente.
La verdad universal absoluta sobre anti-envejecimiento es que no hay anti-envejecimiento sin un tejido social fuerte. No existe una sola sociedad de gente longeva, dondequiera que sea en el mundo, ausente de un sistema de conexiones sociales fuertes incluyendo la familia, la comunidad, el lugar de culto, y todo el resto de las estructuras que van juntos por la vida como un grupo cohesivo.
Considerando que no existe realmente una etiqueta específica que capture todas las cosas “intangibles” que podemos hacer para extender nuestra vida, hemos tomado prestado un término de la psicología–llamado inteligencia emocional. Definido libremente, es la suma total de todo lo que en nuestras vidas se refiere al relacionamiento con otras personas, a nuestra relación con nosotros mismos (cómo manejamos nuestras emociones, por ejemplo), y nuestra capacidad de comunicarnos. Si pudiéramos aprovechar el poder de las emociones, las utilizaríamos para facilitar el pensamiento, la resolución de problemas, la comunicación y la conexión con otra gente. Todos estos factores tienen profundas implicancias anti-envejecimiento, y los otros aspectos mencionados anteriormente palidecen en comparación con los efectos de alargar la vida estando conectado con otras personas, siendo parte integrante de una comunidad y aprendiendo a conocerse y aceptarse uno mismo. Esa es la inteligencia emocional, y es posiblemente la más poderosa de todas las herramientas de lucha contra el envejecimiento.


